Ya lo sabe

Me arreglo para salir. Me sigue sigilosa en mis idas y venidas del dormitorio al cuarto de baño. La noto molesta, casi enfadada. Me perfumo y gime. Fija sus ojos en los míos. No sé interpretar su mirada: fuerte, frágil. Ni su gesto de reprimenda, de tristeza. Sabe que le seré infiel, que esta noche regresaré tarde o quizás ni vuelva. Por eso, cuando ato los cordones de los zapatos que me alejarán de ella, pone su pata sobre el lazo buscando que la acaricie. Le digo que la quiero. Intuyo que ya lo sabe.